Quizás la franqueza bien adquirida durante este tiempo me ha hecho renegar de la intensidad. Le temo a la gente intensa, por no decir que le odio un poco, de manera sana como siempre pero con demasiado desdén. Y quizás es por el hecho de que alguna vez como todo el mundo, tuve mis lapsos de malsana -o sana, quien sabe- intensidad. Todo por el hecho de temerle a la simpleza de la cotidianeidad, la intrascendencia de lo común y la incertidumbre que causa la falta de legado. Quise combatir la rigurosidad de los números y conceptos con letras e ideas, y es algo de lo cual no me arrepiento; es parte de una etapa que afortunadamente pasó.
Pero la imperante necesidad de plasmar lo que se piensa sigue allí, de ser partícipe de la generación de expresiones y el debatir lo percibible es algo que afortunadamente sigue siendo prioridad en mi, o mejor dicho, lo ha vuelto a ser. Porque después de un tiempo donde el amor y el desamor, unido a los deberes me mantuvieron algo alejado a la realidad, he podido revisar de nuevo mis alrededores, tanto como para darme cuenta de que lo sucedido fue totalmente satisfactorio (las risas, los llantos, la paranoia y demás demonios) asi como para encontrar otras maneras de ser trascendental sin ser intenso, y de ser simple sin ser intrascendente. El capturar lo básico y procurar elevarlo sin transformarlo es una tarea importante y hay miles de medios para esto; desde dar un consejo a un extraño, hasta expresar lo que se ve ante un auditorio vacio. Es ese placer y la sensación de competencia que produce el saberse útil lo que llena, lo que impulsa y lo que amplía los horizontes. Solo la paciencia degustada con un buen vino -todo es mejor con un vino- hace de la espera un exquisito pasatiempo.
Ayer fueron las letras, hoy son las imágenes. Espero pronto ponerle ritmo a mis ideas y quizás algun día darle voz. Todo a su tiempo, dicen mis madres.
P.D: jugo de maracuyá como combustible, quién lo diría.
Pero la imperante necesidad de plasmar lo que se piensa sigue allí, de ser partícipe de la generación de expresiones y el debatir lo percibible es algo que afortunadamente sigue siendo prioridad en mi, o mejor dicho, lo ha vuelto a ser. Porque después de un tiempo donde el amor y el desamor, unido a los deberes me mantuvieron algo alejado a la realidad, he podido revisar de nuevo mis alrededores, tanto como para darme cuenta de que lo sucedido fue totalmente satisfactorio (las risas, los llantos, la paranoia y demás demonios) asi como para encontrar otras maneras de ser trascendental sin ser intenso, y de ser simple sin ser intrascendente. El capturar lo básico y procurar elevarlo sin transformarlo es una tarea importante y hay miles de medios para esto; desde dar un consejo a un extraño, hasta expresar lo que se ve ante un auditorio vacio. Es ese placer y la sensación de competencia que produce el saberse útil lo que llena, lo que impulsa y lo que amplía los horizontes. Solo la paciencia degustada con un buen vino -todo es mejor con un vino- hace de la espera un exquisito pasatiempo.
Ayer fueron las letras, hoy son las imágenes. Espero pronto ponerle ritmo a mis ideas y quizás algun día darle voz. Todo a su tiempo, dicen mis madres.
P.D: jugo de maracuyá como combustible, quién lo diría.


